sábado, 3 de febrero de 2018

autorretrato a los veinticuatro años


Huan Jing

a mis veinticuatro años, mi mente ha sido destruida por la locura,
no estoy bromeando, Gingsberg ya lo vivió una vez, ya vio a toda una generación
arrastrándose por la calle, y yo no soy Gingsberg, pero también tengo un nombre
y tuve un nacimiento, y también tendré una muerte, en algún momento.
a mis veinticuatro años, ya he cambiado de nombre, una, dos, y hasta tres veces,
no estoy bromeando, pregúntenle si no a mis padres, a los viejos amigos que conocieron
el primero y que hoy, sin embargo, ya ni siquiera lo recuerdan.
a mis veinticuatro años, ya he conocido el exilio, una y hasta dos veces,
no estoy bromeando, tuve que marcharme, en mi propio país rechazaron mis manos
y también rechazaron mi presencia; nadie excepto mamá y papá me echaron de menos;
me dio pena ser tan joven y expatriarme por tanto tiempo; me dio pena, pero a pesar del miedo me fui sola y triste, y a mi regreso, no hubo flores ni fiesta de bienvenida.
a mis veinticuatro años, entre lo que veo y digo, existe un vértigo,
no estoy bromeando, Octavio Paz ya lo dijo una vez, “los ojos se cierran /
las palabras se abren”, y de toda la vida que quizá aún me quede por delante,
todavía, a mis veinticuatro años, a quien he querido le escribo, 
como quien buscando una mirada, solo confiesa tener ojos silenciosos.